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LIBRÉMONOS
Del poeta que escriba en menguante. Del sol que caliente la miseria. De los escombros, sus heces, sus herbajes. De los hombres buenos, fraternos o pendejos.
¡Librémonos!
De los bravos, de los buenos, de los feos, de los malos. De los canallas, los bastardos, los bribones, los asquerosos y cobardes. De los impotentes, los inocentes, los rotos, los usados, los doblados. Los neutros, los derechos, los del centro, los sin nada, los sin heces o sin caca o mierda.
¡Librémonos!
De la antigua costumbre de ir por las laderas del hocico de algún pan sin nombre y apellido.
¡Librémonos!
De algún día sin noche. Del eterno aprendiz de pordiosero, de poeta. De la confusión de los espíritus. Del alegre gasto de hojllas, saludos, palabras y regresos.
¡Librémonos!
De mirar sin miedo a maltratar al ciego. Del pavoroso tesoro del hambriento, el eterno basural de los sinsontes, los zamuros. De tanto malandrín contemporáneo tan lleno de sabor latino.
¡Librémonos!
De alguna lupanaria invasión de los marines. De quienes juntan casa a casa y añaden heredad hasta ocuparlo todo. Del monte sin bramido de ganado.
¡Librémonos!
Del Eclesiastés. Del Eclesiástico. De los Excelentísimos Señores Superviajeros. De los pasajeros. De los proverbios, los refranes y los eros. De los cinco o cinco mil panes. De los cinco puntos cardinales de los canastos engrifados por el llanto.
¡Librémonos!
Del nostradámico naufragio del planeta. Del enfermo pobre. Del remedio caro. Del tramposo viejo. De la hornilla muerta. Del complejo azucarero del diabético. De las impúdicas raíces cuadradas, literarias. Del pus supremo de los viudos y los solos. De la ponzoña, la maleza y la cizaña.
¡Librémonos!
De las vulvas quebradas del quebranto. De los Smith, de sus deudas indeseadas, inmorales, indexadas. De los Truman vagabundos de la guerra.
¡Librémonos!
De los racimos del hambre y la miseria. De las crines de arrechera encabritada. De la ansiedad de las pedradas.
¡Librémonos!
De la tristeza, esa mierda, compañera insoportablemente legañosa, tiernamente oscura.
¡Librémonos!
De tropezar con un martes trece. Con un caballo loco o un león insomne en fuego. Del aullido de la hiena. De la salvaje cabra, del chacal y del hurón. De la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.
¡Librémonos!
De la escasez del tiempo para el ocio, el vicio y el fornicio. De los cristianos, cristales y vitrales. De los juanes, los mordiscos, las trompadas, estallidos y luceros. De los venenosos invidentes. De las ocurrencias de la muerte. De los ojos abiertos de los ciegos.
¡Librémonos!
Del azufre, del agüero, del aojo. Del tísico pañuelo de la guerra. Del necio, sus celadas y sandeces.
¡Librémonos!
De confundirnos alguna vez de mano, de palabra, de noche o de locura. De lluvia, de casa o de garganta. Del canalla y sus vilezas. De tener que cargar con la rosa agusanada sobre el opaco lomo del que nunca fuera.
¡Librémonos!
De tener que mear sangre en los hocicos de los gusanos. De tener que presenciar el duelo de una telaraña con la lluvia. O asistir al entierro de una hormiga virgen.
¡Librémonos!
De tener que regresarnos de la muerte. De que se desteja el encaje del sol enfurecido. De que se desgaje el transido corazón del hombre. De que se desate la noche de la guerra o se zafe el curricán del mar.
¡Librémonos!
De que nos sorprenda el aplauso de un pájaro salvaje o la madre del caracol huyéndole a la pena. De tener que ver los mil cielos sin estrellas. De querer en alguna madrugada abrirse una vena o un ojo que nos dé la libertad eterna.
¡Librémonos!
De la culebra amarilla de la acera en donde guiñan nuestra vida los goznes de los miedos amarrados al fulgor de la garita quejumbrosamente polvorienta de la lluvia en suerte.
¡Librémonos!
De las sombrillas del corazón. Del desierto de las bolsas. De las zapatillas de las brujas. Del abrazo de un ogro purulento. De un Judas vivo o un Vallejo muerto.
¡Librémonos!
Del hambre, digo, del hombre decente, parte de la Religión , ese viejo escondite, guarida de dioses, infiernos y demonios.
¡Librémonos!
Del corazón, ese tercer cojón del hombre. Del sidoso divino providente. De los cojones de la Divina Providencia.
¡Librémonos!
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